¿por qué indigestión democrática?
Ula ula. El otro negro respondió algo mucho más severo.
neriquito, fura te lonutireo. Otro negro intervino. kula na. kula na. Sonaba tajante, explícito. Los tres negros deliberaban entre ellos mientras, a un lado, apartados, dos blancos hablaban en bajo.
El negro tajante pareció encararse con el que había hablado
primero. El segundo en tomar la palabra, el severo, se acercó más al tajante y esperó, asintiendo con la cabeza a todo aquello que decía. Algo grave se cocía, desde luego. Por la expresión de los blancos marginados, nada bueno, y por su enfado, se olía que la mayoría no iba a tener en cuenta nada de aquello que tuvieran que decir.*
La vida puede ser muy cruel. Esa fue la lección aprendida
por los blancos que, sin poder hacer nada, vieron como eran atados y los dejaban reposando en un rincón a la espera de que una hoguera pequeña creciera lo suficiente. ¿Lo suficiente para qué? se podrán preguntar. Los gritos que sonaron fuera de aquella cueva tomaron una consistencia de proporciones desproporcionadas, como si a alguien le estuviesen quemando vivo. El fuego ya había alcanzado una altura y volumen que sobrepasaba lo suficiente. Después de los primeros prolongados gritos, a los que siguieron un calmado pero angustioso silencio, se escucharon otros. al rato, los tres negros salían solos de la gruta. Estaban satisfechos consigo mismos. Al parecer, el hecho de ser mayoría simple de un porcentaje de cinco personas les consolaba el alma cuando la conciencia intentaba recordarles la atrocidad que habían cometido. En eso consistía la democracia ¿no?
* estaba claro, eran una minoría, y lo que es peor, una
minoría en la oposición.
